Cerca del bosque Boreo, kilómetros hacia el interior de Grimalor al norte de la frontera asgana, existe una vasta pradera montañosa repleta de árboles sin ríos que pocos aventureros osan explorar. A pesar de su norteña posición y la abundancia de agua alrededor de las formaciones rocosas de estos planos, jamás nieva ni llueve y muchos habitantes de los pueblos vecinos dicen que esas tierras malditas pertenecen a elementales olvidados… Los ejércitos de Bilni Niburi, el primer rey de Asgun, envió tres batallones después de consolidar su nación a los planos para tratar de conquistar el salvaje territorio y arrebatar sus riquezas al pueblo grimerio. Desafortunadamente, todos los soldados que envió desaparecieron sin dejar rastro alguno…
Los escritos más antiguos de esta región son guardados por los grimerios, y la leyenda cuenta que los elementales desataron serpientes y roedores gigantescos para luchar entre sí y tomar posesión de estas tierras durante la creación de los planos, antes de la llegada del primer elementalista… La única partida que logró divisar a las criaturas que ahí habitan en años recientes fue una dirigida por Fil Nigmar al final de la era de la tierra en 2995 después de la llegada de los elementales. Este intrépido explorador cuenta de serpientes de más de cien metros con escamas de piedra que arrasan con todo ser vivo que se adentre en su territorio.
«Los reptiles que allí habitan son seres imposibles de derrotar, mi señor… Debimos suponer que nuestra partida resultaría en fracaso al oír las historias de sus habitantes… pero desafortunadamente la codicia de nosotros los exploradores pudo con esas advertencias…
De todos nuestros grupos solo logramos sobrevivir la retaguardia y os aseguro, mi señor, que las serpientes de roca que habitan ese maldito lugar terminarían con cualquier ejército lo suficientemente intrépido y estúpido que ose tratar de conquistar su territorio…»
-Fil Nigmar, 2996.
Los habitantes más cercanos a los planos todavía cuentan historias de reptiles capaces de engullir medio rebaño de un solo bocado, también cuentan que durante la noche se escuchan sonidos que despertarían a los mismísimos elementales. Los soldados grimerios apostados en las atalayas de vigilancia cerca de los planos informan que, durante las noches de luna nueva, cuando el viento no sopla y las nubes se esconden, sombras gigantescas se pueden divisar si se miran los valles con detenimiento…