Tierras desconocidas de Yseldas

En los tejados de Viltarión, donde el gélido viento que no para de soplar hiela hasta a los elementalistas más poderosos, existe un vasto paraje que nadie ha logrado explorar.
Los habitantes de Yseldas a menudo cuentan de los aires del norte traen en las épocas más duras del año. Los inviernos aquí son eternos y solo una especie de pino logra sobrevivir y llena con su presencia los valles y montañas que esconden secretos elementales…
Los ancianos de Karthor cantan historias de horror que los supervivientes traen consigo al atravesar el sur de estas tierras, lobos blancos con ojos hinchados en sangre que caminan cómo bípedos, y que acechan pacientemente entre la niebla durante la noche, más allá de donde existe la civilización…
La única partida que logró dibujar un mapa de estas tierras fue liderada por el intrépido explorador Ander Kisson, un joven de más de dos metros capaz de manipular el hielo con sus elementos. En 2099 después de la llegada del primer elemental, el joven aventurero reunió a los miembros de la hermandad del bronce, una antigua organización basada en la ciudad de Karthor, y partió por las costas del norte para buscar sustento en el mar durante los meses más cálidos del año.

«Las aguas del norte no son como las que verás por cualquier costa del sur… Los glaciares que se fundían con la roca en las orillas eran testamento del frío que sufriríamos en los próximos meses. En nuestra travesía, trece de nuestros treinta compañeros perdieron su vida por falta de comida y enfermedades… Cuando partimos creímos que la costa nos proporcionaría pescado suficiente para sobrevivir, sin embargo, a medida que nos aventurábamos más allá del horizonte, el hielo era tan grueso que ni las sierras reales podrían atravesarlo…

Las cordilleras que vimos desde la costa eran lo más bello y cruel que he tenido el placer de presenciar en toda mi vida. Un terreno verdaderamente salvaje… Decenas eran los días que despertábamos ante el rugir de bestias que desconocíamos y que, fortuitamente, hoy en día todavía seguimos desconociendo…»

                        -memorias de Ander Kisson, 2101 después de la llegada del primer elementalista.

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